Ahí podéis ver cómo queda este labial aplicado sin nada más (en una capa gruesa para que sea visible a pesar del flash). Como se ve, es un tono rosa tan frío que sólo puede quedar bien a las chicas más jóvenes, a las que (por otro lado) les sienta bien cualquier cosa. Pero es verdad que da pena tirar un labial cuando aún queda mucho producto... ¿cuál es la solución? Cambiar el tono del pintalabios.
Para ello, me ayudo del perfilador de labios Soar (un tono marrón rosado), de la misma marca, que es uno de mis favoritos. Al rellenar los labios con el perfilador y aplicar por encima el pintalabios, el color cambia por completo y se transforma en un tono rosa mucho más ponible. En ocasiones lo dejo simplemente así y en otras le aplico un gloss por encima para darle un toque más jugoso (últimamente, cada vez huyo más de las texturas mate). De esta forma, utilizamos productos que estaban muertos en un cajón y no nos sentimos tan mal por tener productos sin utilizar en nuestra colección.
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